Los retazos de la historia del arte de Aguascalientes

Antes de conocer personalmente a Enrique López Llamas conocí su obra, la cual me interesó mucho. Reconozco su producción como cercana a la mía, por lo cual a veces me dan ganas de escribir un libro sobre López Llamas, incluso se lo planteé, sin embargo, como Debroise con los neomexicanistas, no creo que él necesite un texto mío para explicar o legitimar su producción.

Su obra es de esos acontecimientos que, nos gusten o no, siempre los consideramos necesarios y legítimos, obedecen a una rigurosa causalidad de las circunstancias y lo sabemos. Dicho libro hipotético sobre él contendría algún apartado referente a la exposición titulada Nadie es profeta en su tierra (Historia reciente y definitiva del arte actual en Aguascalientes), y sobre ella yo diría algunas cosas de este tipo:

La descripción de los hechos

Hace algunos meses recibí un mensaje de Enrique López Llamas en el que me comunicaba que estaba armando una exposición para el Centro de Artes Visuales. Su mensaje era una convocatoria vía whatsapp que decía que intercambiara una obra para una exposición y una especie de acervo que estaba construyendo.

La exposición versaba sobre el arte de Aguascalientes y se nos pedía una pieza significativa. Me planteé varias posibilidades para la donación, desde dar una de mis piezas más conocidas o premiadas, hasta construir una pieza específicamente para dicha exposición. Al final, con los tiempos encima, no hice ni una cosa ni la otra y le di una de mis últimas piezas (una de mis favoritas cabe destacar).

El día 14 de febrero en la galería principal del Centro de Artes Visuales vi cómo mi propia pieza era destruida por una podadora a través de un video. Enrique había destruido todas y cada una de las piezas de los cincuenta artistas convocados. A partir de los retazos y de las sobras construyó nuevas piezas que funcionaban como collages colectivos. Voltee a ver la pieza titulada Basta ya de soportar, que se componía de los marcos de algunas de las obras donadas, e identifiqué inmediatamente pedazos del marco de la fotografía que, unos días antes, había llevado al Centro de Artes Visuales. Esto me hizo preguntarme lo siguiente.

¿Hay aura todavía en esas piezas?

La exposición está sumamente cuidada, visualmente hablando. Hay una sensación de vacío por oposición a lo que se esperaría de una exposición que, se nos dice, cuenta con cincuenta artistas colaboradores. Todas las obras están realizadas siguiendo la misma lógica de crear una pieza nueva a partir de los fragmentos dejados por la destrucción de las otras, por ejemplo, Retomar la herencia realizada con retazos de papel de libros de Posada, Herrán, Contreras y Guzmán.

Lo mismo pasa con Lo propio es ajeno, lo ajeno es propio (la última carta que escribiré a Aguascalientes), en esta pieza se combinan los sobrantes de la podadora y de las obras trituradas. Es interesante ver cómo es que a través de los fragmentos pegados, varios de los participantes identificamos nuestras obras, es decir, algo de ellas aún estaba ahí, ese algo era el aura.

“¿Qué es propiamente el aura? Un entretejido muy especial de espacio y tiempo: aparecimiento único de una lejanía, por más cercana que pueda estar.”[1] El aura es el extrañamiento que sentimos frente a un objeto cercano, este objeto es siempre auténtico y único. La unicidad, hasta antes de la reproductibilidad técnica, había sido el valor específico del arte. El valor dado a la unicidad y autenticidad, en la obra de arte, “tiene siempre su fundamento en el ritual”[2]. Estas obras siguen siendo auráticas, la podadora no ha eliminado el aura.

Tampoco ha eliminado la autoría, ni la de los artistas ni mucho menos la de Enrique. ¿Qué es, entonces, lo que ha triturado la podadora?

¿Es Enrique López Llamas un futurista?

La destrucción de obras de arte es también una forma de arte. Como prueba de esto están los históricos futuristas que desde principios del siglo pasado plantearon la posibilidad de destruir los museos y las bibliotecas para empezar desde cero. Así, también está el “Erased de Kooning Drawing” de Rauschenberg y los propios cuadros quemados de Baldessari. De manera local está la acción de Enrique Guzmán en la que intentó tirar por la ventana un cuadro de Beatriz Zamora y después tasajeó uno de su autoría con una navaja. Muchas de estas acciones han sido tomadas más como propuestas políticas que como artísticas, sin embargo, podemos observar que cada determinado tiempo se vuelve necesario que un artista prenda la chimenea o la podadora y que eche obras de arte ahí, ya sea propias o de otros.

            Más recientemente están los grabados de Goya intervenidos por los hermanos Chapman y todo el litigio que se desprendió de ello. Quisiera ahondar un poco en este caso porque ellos hicieron esto con la intención expresa de realizar una obra de arte que cuestionara la autoría, la unicidad y al sistema del arte. Muy parecido a lo que López Llamas hizo.

            En 2003 los hermanos Chapman compraron legalmente varios grabados de Francisco de Goya, parte de la serie de Los desastres de la guerra para luego intervenirlos y modificarlos pintándoles caras de payasos y cosas por el estilo. Al hacer esto el colectivo de artistas de Inglaterra se metió en un problema legal, ya que en dicho país no se pueden modificar las obras de los autores aunque éstos ya estén muertos y aunque se haga sin intenciones de lucro. Una ley protege el aura de las obras.

Es curioso pensar cómo una cualidad estética-formal, semi-mística (pues el propio Benjamin dice que el concepto de aura tiene su origen en la tradición mítico-religiosa) como el aura, pueda ahora ser protegida bajo la tan burguesa ley de los derechos de autor.

En la exposición de López Llamas se nos hizo firmar una forma de sesión de derechos, un documento burocrático que pocos leímos con atención y que simplemente firmamos como todo eso que no nos interesa. Dicho documento y dicha firma fueron lo que verdaderamente destruyó las obras, no la podadora.

Lo que ha triturado la podadora fue solamente el ego de los artistas, la podadora ha evidenciado la forma en qué la institución funciona. Piénsese en la colección del Instituto Cultural de Aguascalientes, en su acervo histórico del Encuentro Nacional de Arte Joven y cómo es que éste se encuentra empolvándose en las bodegas o expuesto en muestras locales. Dicho acervo, el ICA podría itinerarlo, curarlo, generar un archivo, etcétera, algo que mostrara su importancia a nivel nacional en lugar de dejarlo como un comodín para hacer exposiciones locales. Lo mismo pasa con las carpetas de informes, avances y muestras del PECDA, un gran acervo de proyectos y de archivos que se quedan empolvados, que no dan cuenta del trabajo de los artistas.

Todos queríamos ver nuestra obra colgada en el CAV, para eso invitamos a nuestros amigos y familiares, por eso aplaudimos las intenciones de Enrique. Lo mismo pensaron los directivos del ICA que asistieron (pues ellos tampoco sabían de qué se trataba), pensamos y pensaron que sería una muestra para agradecer y agrandar el ego artístico local, para mostrarnos como muy chingones con respecto a Posada, Herrán, Contreras o Guzmán. Pensaron y pensamos que sería una exposición para decir: “miren, nosotros somos igual o mejores que los grandes de Aguascalientes”. Es decir, puro ego.

Enrique no hizo eso (que era lo que esperábamos) se nos adelantó y criticó esa actitud, con la cual yo creo que él mismo todavía se pelea.

 ¿Qué es la apariencia de lo comunitario?

Traigamos a colación este tipo de obras que se valen de palabras como lo comunitario, lo socialmente responsable, lo útil, etc. para realizar sus producciones. Formar comunidad ha sido uno de los intereses más importantes de los artistas de Aguascalientes de los últimos años. Los proyectos más afortunados que podrían calificarse dentro de dichas pretensiones son Aguaskatlán, el Guggenheim Aguascalientes y La Agencia. De éstos considero personalmente a La Agencia como el que mejor se ha enfrentado con lo útil y lo socialmente responsable como una visión, un proyecto colectivo que reunió a varios artistas, que comenzaron siendo liderados por Rolando López, pero cuya figura logró difuminarse al pasar de los años para dar lugar a que sus integrantes (como Berenice Cortés o Argel Camacho) hayan desarrollado carreras académicas y proyectos individuales que son sumamente interesantes. Este acto de desaparición de los líderes de los colectivos mencionados no ha sido tan afortunado en los otros casos. Las figuras de Juan Vizcaíno en Aguaskatlán, o el propio Rolando López en el Guggenheim Aguascalientes no han logrado diluirse lo suficiente como para considerar a sus colectivos verdaderamente colectivos. Lo cual nos deja con un sabor de boca de apariencia de lo comunitario.

En el proyecto de Enrique López Llamas lo comunitario es explícitamente una apariencia, él se vale del engaño y de la irreverencia para estafar a todos los artistas participantes, que creyeron de buena voluntad estar participando en un proyecto colectivo y comunitario, para descubrir que no eran más que herramientas de un sistema elaborado por él mismo.

La tradición

Sobre la tradición puedo decir lo siguiente, esta exposición crítica la hegemonía institucional en Aguascalientes, la cual se basa en cuatro artistas, aunque si me preguntan de esos sólo hay tres: Enrique (Guzmán y López Llamas). El chiste de Mondragón nos sirve para dar un panorama de lo que hoy es el arte contemporáneo de Aguascalientes. Quienes me conocen saben cuál es mi teoría del arte de Aguascalientes, también es un chiste, y la llamo post-neomexicanismo. De la cual, los dos Enriques nos pueden servir como ejemplos claros. Yo creo que nuestra producción de arte local se basa en la síntesis del arte neomexicanista (asociado con la pintura y su dinámica del mercado, lo que Daniel Montero llama arte como producto) y con las lógicas del arte contemporáneo de la Ciudad de México (con el FONCA, los rockstars y lo que el mismo Montero llama arte como proceso). Pienso por ejemplo en la producción de Rolando López (arte como proceso) como tesis, luego la obra de Jesús Reyna (arte como producto), como antítesis y su síntesis: Enrique López Llamas y nosotros.

El futuro podrá desmentir mis palabras. Podremos ver si la síntesis post-neomexicanista puede ser una opción a los dos sistemas ya caducos del arte. Pues no cabe duda de que el neomexicanismo y su lógica fueron marginados durante los dosmiles y ahora que la máxima institución del arte-como-proceso, el FONCA, está siendo re-estructurada después de casi treinta años de seguir operando de la misma manera, veremos qué es lo que nos deparará el futuro.

La historia

El romance siempre ha sido parte de la historia de Aguascalientes. Pienso, por ejemplo, en el famoso beso de Antonio López de Santa Anna. El beso que independizó a Aguascalientes de Zacatecas fue un acto romántico pero también político, disfrazado de romance y cursilería gritaba individualidad y autonomía.

Supongo que este es el gesto que Enrique López Llamas quería capturar con las cartas. Su destinatario es algo vago, no quiero creer que las hizo dirigidas a un ente abstracto como la historia o Aguascalientes (como generalidad). Creo que las, hizo más bien, a un ente concreto, quizás a nosotros, los cincuenta artistas participantes, pero si me pidieran apostar, yo creo que se las dedicó al maestro Juan Castañeda.

No es tan sorprendente que alguien le dedique cosas a Castañeda. Y no es porque haya detrás de Enrique una suerte de deseo frustrado (ni que se espere que éste entre por la ventana de repente), sino que, como el beso que independizó a nuestro Estado, este acto cursi y romántico, en realidad escondía un reclamo político. Dedicarle unas cartas de amor al maestro Juan Castañeda, con un tono de desesperación (como ese de los amantes) es también anticipar una decepción y un rompimiento. Es decir, es un acto político, es anunciarle que por fin hemos puesto en cuestión su hechizo y su seducción y que nos desprendemos de él escribiéndole. En ese sentido, la carta cursi es un divorcio de lo que Juan Castañeda representa en la historia del arte de Aguascalientes, un homenaje y una quiebre simultáneamente.

Por otro lado está la Tesis Doctoral de Jorge Terrones, yo diría que tiene aspiraciones (con otro tono y desde otra perspectiva) similares. Considero que el explicar, académicamente, a algo o a alguien, es también poner una distancia entre eso y nosotros. Un espíritu de crítica y de separación subyace en dicha tesis, de la cual la figura de Juan Castañeda es primordial.

Lo que no sé es a quien representa el propio Enrique López Llamas en este juego, ¿a caso él representa a la institución que quiere independizarse de Castañeda? ¿es Enrique la historia misma que detecta una ruptura en la historia del arte de Aguascalientes? Tendremos que pensarlo más y dejar este capítulo inconcluso.

La trascendencia

Me pregunto en qué está pensando Enrique al dedicarle una carta y una exposición a la trascendencia. La trascendencia es eso que nos constituye y nos sobrepasa, eso que al mismo tiempo que nos forma seguirá estando cuando nosotros ya no lo estemos. Pienso primero en Kant y sus trascendentales, tiempo y espacio, que no son más que lo que le posibilita al sujeto conocer el mundo, no hay nada sin el sujeto trascendental, sin la apercepción pura, cabe decir, al mismo tiempo, que el sujeto trascendental es un sujeto que conoce y por lo tanto no es conocido.

¿A esta idea de trascendencia es a la que se refiere Enrique? ¿Su carta es un intento por conocerse a través de lo que le posibilita el conocimiento? Si Enrique se admite como determinado por la historia de Aguascalientes, entonces esta historia es su a priori, su semi-trascendental diría Foucault, y dicha carta no es más que un esfuerzo ridículo y trágico por conocerse a sí mismo. De la historia misma por verse en el espejo.

Emmanuel Levinas nos dice que la paternidad es la única y verdadera trascendencia, en ese sentido ¿acaso Enrique está hablándole a sus hijos? ¿a su descendencia? Es decir, ¿está Enrique hablando con su futuro? Estoy exagerando todo para tratar de comprender el sentido del acontecimiento de la exposición.

Última hipótesis. Creo que el sentido de trascendencia ha sido bien usado por Enrique, como algo que nos constituye y nos sobrepasa, como algo que hacemos y nos hace, así mismo algo que se encuentra en el futuro. Creo que ayuda si lo pensamos en el sentido de los griegos.

Para los griegos la única forma en que un mortal podía volverse inmortal era la fama y la gloria. Éstas últimas no tienen que entenderse como los pop stars de ahora, como los cinco minutos de fama y de dinero que nos muestran los programas de la farándula. Supongo que esta es la idea de trascendencia en que piensa Enrique, es la fama y la gloria en el sentido griego, como la ambición ciudadana de hacer algo por nuestras geografías y pasar a la historia por eso. La ambición de ser recordados y de perpetuar nuestro nombre.

El héroe griego es ese que se enfrenta al destino y muere, pierde pero pasa a los libros de historia, su gloria se perpetua más allá de su vida. Yo creo que este es el concepto de trascendencia que tiene Enrique, él se pone a sí mismo como encarnando la institución y la historia, nosotros somos los artistas ambiciosos que tratamos de llegar a la fama y la podadora se convierte en la metáfora del destino.

 

Por: Trino Guerrero

 

[1] Benjamin, Walter, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, Editorial Ítaca, México, 2003, p. 47.

[2] Ibíd., p. 50.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s